
Viví tiempos de tanta confusión que cada paso que daba dejaba huella de dolor, no dejaba ni un minimo destello de amor.
Tuve tiempos donde nada de lo que hacía me salía bien,
no entendía qué había hecho para merecerme tantos fracasos y lloraba a solas meciéndome durante horas en mis regazos.
Tiempos que no podía soltarme de la camisa de ira que amarraba mis brazos y no me dejaba respirar, no me podía soltar.
Tiempos en que era tanto el peso de mis frusttraciones que prefería dejarme hundir, obviarlos y no enfrentarlos.
Viví tiempos donde cometer errores era lo que se esperaba de mí, y lo peor es que esperaban poco tiempo, pleitos enojos reclamos y gritos causé y recibí.
Cada vez me acuerdo menos de aquellos tiempos.
En tiempos de hoy aunque de vez en cuando cometa errores, no es lo que esperan.
Hoy abro los brazos que por fin siento livianos en total libertad y puedo respirar tan profundo como quiera. Mi regazos los dejé disponibles para sentar a un niño y mecerlo, los dejé de utilizar para llorar.
Y aunque todavía sienta días de tristeza y miedos, días de inseguridades y ánimos bajos con ganas de llorar, trato de mantener presente que solo es eso: un día y no un tiempo.
Trato de dejar huellas de amor sin dejar un solo destello de dolor.
