November 25, 2008

No soy una mujer perfecta



No soy una mujer perfecta.

Mi pelo a veces hace lo que quiere, me crece disparejo y a veces se ve dañado.


Mi cutis nunca se ve lizo como porcelana ni es de un color mate parejo, tengo manchas pecas y cicatrices que por salvajismo mis uñas han causado.


Tengo un ojo más grande que el otro y mis pestañas no son abundantes, soy esclava del rímel; y ni qué decir de mis cejas, ese vello en la cara que dicen los profesionales que son el marco de los ojos, yo no tengo marco entonces.


Un lado de mi perfil es más decente que el otro, pero mi nariz tan característica de los Vargas es pronunciada y no botoneta.


El busto he de aceptar que ha sido de ayuda para más de una conquista, pero yo sé que tengo unas cuantas estrías y que las he sometido a torturas.


A veces subo de peso y otras bajo, he pesado 45 kilos pero también he pesado 65. Puedo tener el mayor control de lo que como y puedo perder total control de las calorías que consumo. Por eso el rango de tallas de mi closet es bastante amplio.


El color de mi piel no precisamente dice que vivo en un país tropical, e inclusive he perdido mas de una lucha con los autobronceadores, y no solo pierdo las luchas sino que también la plata.


Las uñas me las como cada vez que se me pega la gana, siempre termino arrepintiéndome pero el momento la pura verdad es que lo disfruto demasiado.


Fumo como si no tuviera conciencia del mal que me hago. El pelo a veces me huele a cigarro y los dientes se me ensucian. Este vicio tan maldito que sale tan caro porque no solo el paquete de cigarrillos va dentro del presupuesto, sino también los shampoos y perfumes para quitarse el mal olor y ni qué decir del dentista para constantes blanqueamientos y limpiezas.


A veces me levanto de pésimo humor, al punto que ni el canto de un pájarito soporto. Esos días me visto de negro siendo un día soleado y de blanco si es un día lluvioso, insulto con el pensamiento a todo ser humano que se me atraviese en el camino y tiendo a desarrollar la estupida idea de que todas mis pertenencias materiales rebotan y no se quiebran cada vez que las tiro contra una pared, esto también me ha pasado más de una vez con el dedito pequeño del pie.


Otros días me levanto tan torpe que me puedo caer en un mismo dia cuantro veces, me majo los dedos con gavetas, pierdo todo lo que pasa por mis manos y se me olvida hasta la fecha de mi cumpleaños.


Existen esos días en que mis ojos deciden ver todo diferente, mis oidos escuchan todo con tímpanos de roble y la cordura o razón decidieron tomarse un descanzo; esos día es fija una discusión con mis amigas, o mi familia o mi jefe. Y si la suerte me acompaña con todos en cuestión de horas.


También paso por esos días en que absolutamente nada sale bien. El agua no está caliente para bañarme, el pantalón que decidí ponerme resultó ser que no le dió la gana cerrar, la llanta del carro se estalla, el teléfono de la oficina no para de sonar, la batería del celular se muere, no hay tiempo de almorzar, los semáforos están descordinados y no funcionan a horas pico de la tarde, se va la luz cuando es hora de cenar y para peores no hay pastillas para la jaqueca con la que se termina la jornada. Decido apagar luces para disminuir el dolor pero el perro del vecino no para de ladrar, el recién nacido del barrio decide llorar y pues no qued más de otra que jalarse los pelos y pegar alaridos de la desesperación.


Y sin embargo, aún sabiendo que no soy perfecta, tengo días en que siento que todo encaja perfectamente.


Siento mi pelo suave, mi cutis amanece relajado. Tengo días en que veo mis ojos y el color me impresiona, y como me enfoco en mis ojos no me siento tan narizona. Mi busto se acomoda y toma una forma atractiva, siento mi ropa rellena por un cuerpo esbelto y me hace sentir sana, me pongo colores de blusas que solo a las blancas se nos ven bien, me pinto las uñas de las manos y los pies de mi color favorito. Me levanto de excelente humor al punto en que se lo contagio a los demás, me siento super chica por mi agilidad para evitar accidentes o inconvenientes; días que música de fondo suena en mi corazón y todos terminan llevando el mismo ritmo, amanezco con complejo de andar resortes incrustados en los zapatos; días en que aunque alguien me quiera pelear le respondo con un beso y un abrazo ; y días que todo sale tan bien que hasta cuesta creerselo.


Estos días son los que me recuerdan que aunque no sea perfecta y no siempre todo salga como lo tenía planeado o como esperaba, a fin de cuentas lo que importa no es cuántas veces me faltó aliento para seguir adelante sino las veces que me pasó algo tan bueno que me quitó el aliento.

Que lo que importa es trabajar para descubrir mi mundo y luego con todo mi corazón entregarme a el, porque el alma sabe que el camino a la felicidad no se puede recorrer con zapatos ajenos.


Porque los buenos días y los malos días hacen una fusión perfecta, el invierno y el verano, los polos opuestos. El negativo y positivo que me llenan de energía para a estas alturas entender que la vida es tan increíble y tan mágica, que la imperfección es parte del equilibrio y tiene que existir, y que realmente la única imperfección o anomalía sería ser perfecta.