Muchas veces por mi cabeza han pasado cuestionamientos cruciales para tomar decisiones. Y ni siquiera bastan muchas veces estos cuestionamientos para poder tomar un camino y confiar en el criterio propio, cruzando dedos para no arrepentirse, para no darse cuenta que el camino a tomar era el otro y no el que en el momento recorro.
¿Por qué a mi? ¿Cuándo voy a lograrlo? ¿Cuándo se va a terminar? ¿Cuánto más tengo que esperar? ¿Por qué es tan complicado? ¿Qué necesito para superarlo? ¿Por qué reacciono así?
La verdad es que después de tantos cuestionamientos en situaciones difíciles, complejas, complicadas, lo que logro es hacerme más bolas que originalmente con el problema en sí, el problema en bruto.
Me pasé de Colegio? Jamás me imaginé que fuera a hacer en el segundo colegio los amigos de mi vida, mis hermanos. Me pasé donde tenía que pasarme, en el momento que tenía que pasarme y me tocó en la generación que la vida sabe era la que quedaba bien con mi estilo de vida y personalidad a futuro.
Por qué terminar una relación me costó tanto? Porque mi corazón no estaba preparado para desligarse y desapegarse de esa persona. Sabía que eventualmente iba a pasar, siempre estuve consciente de que una separación iba a existir simplemente porque nada que sea para mí se supone que me tenía que traer tanto sufrimiento y angustias. ¿Cuándo se iba a terminar? Cuando tenía que terminarse, sin forzar mi decisión ni mi corazón. Sabía que mi corazón era manso pero tampoco menso, sabía que requería de un golpe muy fuerte para rendirme y perderle fé a mi relación. Y efectivamente el día llegó.
Llegó cuando tenía que llegar. Llegó cuando ya no me importaba, cuando mi corazón sintió la ausencia del hombre que amaba pero no sentía una pérdida porque no me estaba dando nada de que perderme. Llegó cuando Dios me puso un obstáculo que ni el amor podía hacerse el ciego y no poderlo ver.
Ese mismo Dios, para ese momento sabía que para mí venía algo unos meses después peor sin siquiera yo imaginarmelo.
Mi papá iba a fallecer, y nadie ni nada me avisó. Justo el día que empezé a correr, en el preciso momento en que a todo pulmón aguanté 30 minutos sin parar , sin sentirme agotada, ni descompuesta y pensaba: "todavía puedo, debería aprovechar dejar de fumar", mi papá iba en una ambulancia muerto. El cigarro lo había matado.
Terminé mi relación con un hombre en el momento preciso, porque Dios sabía que en mi corazón no había espacio para dos tipos de dolor, el fin de un noviazgo y la pérdida de un papá. Dios me puso donde tenía que estar para poder tener todo el espacio libre para el dolor de perder a mi padre.
Y no solo eso, Dios me quitó del camino a esa persona supuesta pareja y compañero, porque sabía que no iba a servirme de apoyo, sabía que la presencia de ese hombre que tanto me atormentó iba a complicar mi duelo en vez de alivianarlo. A cambio me puso en el camino a otro hombre en el que respaldé toda mi credibilidad, él me acompañó , me ayudó a distraerme , me besó me abrazó, no me dejó sola. Esa persona antes era un amante pero hoy entiendo que por haberlo conocido justo en el momento en que lo conocí, es una de mis personas favoritas, mi amigo y mi confidente, y hoy puedo decir que es probablemente el único hombre en el que confío.
Estuve donde tenía que estar para enfrentar lo que venía, y por supuesto lo que venía era incierto como lo es para todos el futuro cercano, mediano o a largo plazo.
Además mi plan de independizarme no salió. Y nuevamente pasó cuando tenía que pasar. Al principio pensé que le hacía un favor a mi mamá acompañándola, con el tiempo me di cuenta de que la que necesitaba compañía era yo.
Estoy donde tengo que estar.
Estoy sola y soltera porque aprendí q no puedo obligar a mi corazón a enamorarse aunque mis ojos más de una vez si lo han hecho. Estoy sola porque me ha pasado tanto que no confío mi vulnerabilidad a nadie, y no hay manera de estar en una relación sin que la vulnerabilidad participe.
Tengo el trabajo que tengo porque era lo que me tocaba. Pasé demasiado tiempo sin trabajar rehusándome a trabajar en lo que saliera, me desesperé más de una vez pero no me rendí y no perdí la fé de que tenía que haber un trabajo ideal para mi. Y lo encontré, o mejor dicho, el puesto me encontró. Y yo lo ignoré por meses, pero como dicen, lo que es para uno es para uno, y me volvió a encontrar. Esta vez ni pensé en escaparme o esconderme. Esta vez entendí que ese trabajo era el trabajo donde tenía que estar, y para mi sorpresa fue más de lo que me esperaba: mi libertad de horarios, movimiento, expresión, creatividad que es tan importante, mi necesidad de actividad y no pasar sentada todo el día, mi necesidad de sentirme identificada con las personas y el trabajo, ver el fruto d lo que hago. Todo lo que quería lo ncontré en este trabajo.
Estoy donde tengo que estar.
Hoy entiendo por qué terminan las cosas: puede venir algo mejor. Por qué no se terminan las cosas: porque inconcientemente o espiritualmente no se está preparado, además puede que venga algo peor o la lección que Dios tiene como objetivo que se aprenda no se ha aprendido.
Por qué siguen pasando las mismas cosas: porque seguimos haciendo todo igual. Por qué se sufre por tonteras: porque de alguna manera hay que entrenar al corazón para grandes dolores que uno ni se imagina que existen, y porque después de comparar un dolor grande con uno pequeño, no se vuelve a sufrir por el pequeño, pero hay que tener los puntos de comparación inevitablemente. Que para muchas cosas se necesitan golpes demasiado fuertes para superar otras. Porque reaccionamos como en camara lenta cuando no sabemos que hacer o cuando sabemos perfectamente lo que se tiene que hacer pero nos negamos a actuar; o reaccionamos en "speed" por no tener la menor idea de qué hacer.
Entiendo que las cosas se logran cuando la preparación haya terminado, que se terminan cuando ya se hayan empezado...
Ser feliz es más fácil que ser infeliz. Sonreír es más facil que llorar.. Tener paz es más fácil que ser intranquilo. Ser hermanos es más fácil que ser enemigos, amar es mas fácil que odiar, perdonar es más fácil que sentir reconcor. Sentir satisfacción con lo poco o lo mucho que se tiene es más fácil que sentirse insatisfecho por lo que no se tiene.
Estar donde se tiene que estar y convivir con el tiempo para que las cosas salgan y se den es más fácil que forzarlas y perder energía obligando a que pase o haciendo el vago intengo de que pasen. Solo así se puede ser feliz, sin precipitar y sin retrasar, con aceptación y sin negación. De todas formas si Dios sabe que algo no va a pasar, o algo que no hay manera de evitar que pase, no hay absolutamente nada que cambie ese destino.
Pero si podemos hacernos los tontos por necios, y saltarnos los semáforos en rojo que Dios nos pone en frente provocando choques con nuestro espíritu, nuestros valores y nuestra moral, choques que crean heridas tan profundas que no existen puntadas que suturen las depresiones que crean; no existen pomadas que ayuden a discimular las cicatrizes. A fin de cuentas dura más la recuperación que los segundos que requirieron saltarse el semáforo.
Ser feliz es más fácil que ser infeliz.
http://www.youtube.com/watch?v=zlfKdbWwruY (click en "ver en DH" para mejor imagen, esquina inferior derecha)
